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marubtania

En espera

Personajes:

Flavia

Paloma

Hernan

Médico

El escenario es una sala de espera del consultorio de un médico. La escenografía no debe hacer que sea demasiada obvia esta situación, para que hasta que no aparece el médico no se sepa donde están los personajes. Puede haber o no algún lugar para sentarse o algún otro mueble que se considere necesario.

En el escenario hay dos salidas. La de la izquierda (del público) corresponde a la puerta del médico. La de la derecha es la salida a la calle.

FLAVIA: Y ustedes, ¿a que se dedican?

PALOMA: Yo estudio, más bien tengo que empezar a estudiar, pero todavía no se bien que hacer.

HERNAN: Yo soy empleado.

FLAVIA: (desilusionada) Y si, es complicado hoy en día.

HERNAN: Pero, no se ponga mal usted que es tan linda no creo que tenga ninguna dificultad para hacer cualquier cosa que desee,¿o me equivoco?

FLAVIA: En realidad... Se equivoca. Estudio, y cuando termine de estudiar trabajaré de lo que estudié, pero no es lo que yo quiero.

HERNAN: ¿Y usted que quiere? Disculpe... ¿su nombre?

FLAVIA: Flavia... ¿y los de ustedes?

HERNAN: Hernan Fernando González Quintana.

PALOMA: Yo Paloma. Paloma Demerio.

HERNAN: Palomita Del medio, y usted ¿no tiene idea de que va a hacer? ¿qué le gusta?

PALOMA: Es Demerio.

HERNAN: ¿Qué?

PALOMA: Mi apellido... Que es Demerio, no “Del medio” como dijo usted.

FLAVIA: Retomando lo que usted me preguntaba antes, lo que yo quería... (soñadora) viajar, conocer los lugares más remotos, compartir costumbres ajenas, dejarme emocionar por nuevos olores, nuevos sabores, hacerme de nuevos recuerdos que cuando deje esa ciudad extrañaré. Conocer gente de diferentes culturas, que después me escribirán cartas a las nuevas direcciones que yo les iré haciendo llegar.

HERNAN: Viajar, sería lindo. (a Paloma) ¿Y a usted no le gustaría viajar?

PALOMA: No lo sé. Puede ser, supongo que sí... Pero ¿a dónde voy a ir? ¿y con que dinero? Es demasiado complicado. Además allá, uno nunca deja de ser un extranjero. No hay nada más feo que sentir que uno no pertenece. Y Buenos Aires... yo lo extrañaría.

HERNAN: Una Paloma con poco vuelo (las dos lo miran mientras el sonríe pretendiendo que le festejen el chiste, después queriendo arreglarlo) No, no, pero Palomita tiene razón, Buenos Aires tiene su encanto.

FLAVIA: No lo dudo. Pero quizás al viajar uno vuelve y lo valora más, eso pasa, ¿no?

PALOMA: No sé, nunca viaje.

FLAVIA: No, claro, yo tampoco, pero me imagino. ¿Vos no te imaginas como sería?

PALOMA: La verdad que no.

HERNAN: Yo tampoco, uno no va a estar imaginando todas las situaciones ¿viste? (le guiña un ojo a Paloma buscando una complicidad en ella que no encuentra)

FLAVIA: Pero yo, no lo puedo evitar. No puedo evitar pensar, en todas las posibilidades, en todas las situaciones, se podrían hacer tantas cosas, hay tantos miles de personas en el mundo, y cada manera de ver el mundo en cada una de ellas, que a mi me da angustia no poder vivirlas todas.

HERNAN: Flavia, no podes vivir pensando en lo que no tenes. Debes disfrutar tu vida, tu presente, las oportunidades que se te presentan en la vida cotidiana. Esta noche, por ejemplo ¿qué tenes que hacer?

FLAVIA: Nada en especial.

HERNAN: Ves, eso digo yo, no podes dejar pasar así el tiempo. Te invito... Al cine, seguro te gusta el cine, ¿queres?

FLAVIA: (a Paloma) ¿Vos queres venir?

PALOMA: No sé, si ustedes van por ahí vaya.

HERNAN: Dejala a Paloma si no quiere...

PALOMA: Ves, no quiere que vaya.

FLAVIA: (con autoridad) Bueno basta, no va nadie y se acabo.

Paloma y Hernan se quedan sorprendidos ante esta repentina autoridad.

FLAVIA: (ahora con exagerada dulzura) Digo, para no pelearnos inútilmente.

HERNAN: Flavia, le vi una autoridad que no le había visto antes. ¿Nunca pensó en dirigir?

FLAVIA: ¿Perdón?

HERNAN: Dirigir... Cine, teatro, un diario, una escuela, una empresa de cosméticos, administrar un edifico...

PALOMA: Eso que esta diciendo es demasiado abarcativo. Empezó por cosas de arte y termino con la administración de consorcio. Y una “empresa de cosméticos” ¿por qué aclara de que es la empresa?

HERNAN: Ayy Paloma, ¡que poco vuelo!

Ahora si Flavia y Paloma se ríen.

FLAVIA: Dirigir, no sé nunca lo había pensado. (Descubrir esto parece horrorizarla) Nunca lo había pensado. ¡¿Te das cuenta?! (los mira)

Hernan y Paloma no saben que decir.

PALOMA: (tímida) No sé, ¿de que te das cuenta?

FLAVIA: (igual) Una posibilidad que jamás tuve en cuenta y ahora, no sé... Quiero decir... ¿cuántas más habrá? Cuantas más posibilidades que tengo enfrente de mis ojos y no soy capaz de ver.

Flavia angustiada camina un poco.

HERNAN: (a Paloma) Creo que no debí decirle lo de ser directora, no le cayó bien. No todo el mundo nace para dirigir.

PALOMA: Pero no fue eso lo que la puso mal...

HERNAN: (interrumpiéndola) No, claro, toda la idea en su conjunto, lo que implica la dirección.

PALOMA: No, no entendes...

HERNAN: (mira que Flavia esta lejos abstraída en sus pensamientos, interrumpe a Paloma) Si, si, pero no importa. ¿sabes que es lo que pasa Paloma? Que es como yo les decía antes, no hay planear tanto todo, analizar tanto, hay que vivir el presente. Y yo insisto en que usted debería aprender a dejarse llevar un poquito más.

PALOMA: ¿Eso cree?

HERNAN: Pero claro... Con su estudio, por ejemplo, haga lo que le dicta su impulso, sea espontánea. Y en otras cosas también. A ver, por ejemplo, ¿esta noche a donde tiene ganas de ir?

PALOMA: La verdad no sé.

HERNAN: Usted nunca sabe (sonríe) ¿le gustaría ir a tomar algo?

PALOMA: Podría ser.

HERNAN: Por supuesto que podría ser, digame por donde quiere que la pase a buscar y esta noche la invito a tomar algo.

PALOMA: No sé, después se lo confirmo.

Se abre una puerta que esta a la izquierda del escenario. Sale un hombre con guardapolvo blanco y unos papeles en la mano. Lee:

MÉDICO: Paloma Demerio.

PALOMA: Si, soy yo.

Paloma y el médico entran por la puerta saliendo de escena.

Flavia se sentó, Hernan se le acerca.

HERNAN: ¿Esta mejor?

FLAVIA: Si, no se preocupe.

HERNAN: Tiene que hacerse menos nervios por las cosas, sino se va a enfermar. ¿Viene a buscar estudios también?

FLAVIA: Si, pura rutina.

HERNAN: Si, yo igual. Es que en la época del año para estas cosas. (le hace masajes) usted relájese, de verdad, estar más tranquila antes las cosas que suceden le va a hacer bien.

FLAVIA: ¿Le parece?

HERNAN: Claro que me parece, hoy por ejemplo, no se quede sola en su casa, eso la hace sentir sola, y sentirse sola la hace preocuparse, estar mal. Venga conmigo al cine, así se distrae y la pasa bien un rato. ¿Le gusta el cine?

FLAVIA: Si, me gusta el cine.

HERNAN: Me imagine.

FLAVIA: ¿por qué?

HERNAN: Porque tiene mucha imaginación, y le deben gustar las cosas que la estimulen... (Flavia lo mira) a la imaginación.

Se abre la puerta. Sale Paloma con un sobre en la mano. Esta asustada.

FLAVIA: ¿qué paso?

PALOMA: Estoy...

HERNAN: Enferma, de una enfermedad terminal, ayy no, esto es terrible, por favor Paloma no te desesperes, vamos a estar con vos hasta tu último día acompañándote... (Flavia lo golpea para que se calle y se acerca a Paloma)

PALOMA: ...embarazada. (sonríe débilmente sin poder ocultar el susto que esto le produce)

FLAVIA: ¿En serio? (Le tomas las manos) Tenes que estar contenta, es algo hermoso, ¿cómo te sentís?

PALOMA: No sé, rara.

FLAVIA: Va a estar todo bien vas a ver. (la abraza)

Entra el médico.

MÉDICO: ¿Flavia Gutiérrez?

FLAVIA: Soy yo doctor.

MÉDICO: (le entrega un sobre) Esta todo normal, puede volver el año que viene, pero no tiene de que preocuparse.

FLAVIA: Muchísimas gracias. (a Paloma) ¿qué va a hacer ahora?

PALOMA: No sé... Bueno, en realidad ahora si lo sé (sonríe tímidamente), me dan ganas de comprarle alguna cosita al bebe.

FLAVIA: ¡Yo te acompaño!

HERNAN: Pero, ¡faltan nueve meses!

PALOMA: La ansiedad (sonríe)

FLAVIA: Y esta bien, si es algo hermoso.(a Hernan) Lo del cine, no se quedará para otra oportunidad.

PALOMA: (a Hernan) Lo de ir a tomar algo, como verás, no va a poder ser.

HERNAN: No claro, vayan ustedes, que tengan suerte. Que le vaya bien Flavia, que nazca lindo su bebe Paloma, vayan, vayan que yo me quedo a esperar.

FLAVIA: Suerte para usted también, voy a seguir su consejo de no preocuparme tanto.

PALOMA: Gracias Hernan, un gusto conocerlo, si hubiera sido en otro momento de mi vida seguramente hubiera aceptado su invitación.

Flavia y Paloma mutis por la derecha.

HERNAN: (irónico) Me imagino. (al médico) ¿Y usted que me mira?

MÉDICO: Ya le di sus resultados la semana pasada, ¿para que sigue viniendo todos los días?

HERNAN: Es que no hay mejor manera de conocer a alguien que de manera casual, pero yo no debo tener suerte.

MÉDICO: Pero si usted viene sin que tenga que venir deja de ser casual.

HERNAN: Sabe que nunca lo había pensado así, es usted muy inteligente. Además yo, pretender sacar algo bueno en una sala de espera, donde la gente puede recibir noticias que para bien o para mal le cambien la vida. ¿Se tiene que quedar hasta muy tarde usted atendiendo?

MÉDICO: No, justamente acaba de terminar mi horario.

HERNAN: ¿Y que va a hacer?

MÉDICO: Tengo que revisar unas historias clínicas.

HERNAN: ¿Y es interesante eso?

MÉDICO: Y, tiene lo suyo. ¿Las quiere ver?

HERNAN: ¿Puedo?

MÉDICO: Pero como no, venga pase.

Hernan y el médico mutis por la puerta de la izquierda.

Telón.

Una habitación. Una cama a la izquierda (desde el público). Paula entra muy nerviosa con un papel entre las manos. No se sabe bien que es, podría ser una carta, un simple papel, una foto. Lo lleva entre sus manos temblorosa. Lo mira, desesperada, acaba de enterarse de algo que no hubiera querido saber. La luz da sobre esa parte (izquierda) de la habitación.

Apagón.

Ahora Paula esta sentada en una silla de la derecha, tranquila. Hay valijas a ambos lados de ella. La luz es diferente, ilumina la silla y un poco más de lo que rodea a esta (las valijas por ejemplo).

Paula: Casi temblaba y me sorprendió descubrirme temblando mientras buscaba indicios que me confirmaran aquella horrible verdad. Que quise olvidar, que quise nunca haber sabido.

Me sentí mal, porque sentía que aquello no sería un final, sino es principio de una etapa espantosa que se aproximaba. Y el malestar se volvía físico al punto de haber estado todo el día con la idea de que me estaba a punto de desmayar. Creí que no iba a poder soportarlo, que llevaría por siempre esa verdad en el estomago y que aquello no me dejaría vivir.

Me enoje conmigo misma. Por saber. Me odie por no estar más al margen de las cosas. El primer día fue lo peor. Era el abismo. No dormí en toda la noche, y creí que no podría volver a hacerlo. No sentía sueño. Veía como se derrumbaban las ideas, como se desvanecían mis sonrisas. Solo horas antes disfrutaba de una paz interna gratificante, y un orgullo hacia mi misma por creer que todo marchaba bien. Me sentí una estúpida por haber pensado aquello. Solo horas antes y ahora era extremadamente lejano, inalcanzable, irreal. Hubiera querido olvidar, ignorar, volver a esas horas anteriores donde me sentía bien. ¿Es que no se puede? ¿No merecía estar feliz? Tanta bronca, impotencia, parecía que las cosas iban hacia delante, que finalmente podía no sufrir, que las cosas podían verse con una mirada positiva. Y en un instante todas aquellas ideas se volvieron parte de un pasado inalcanzable.

Apagón.

Vuelve la luz del principio.

Paula esta sobre la cama. Se siente mal. Saca una caja de debajo de su cama y empieza a romper cosas. Después a desacomodar otras. Saca cosas de las paredes (si hubiera) o las cambia de lugar.

Paula: Al final, la felicidad es una gran mentira. La felicidad es la ignorancia. Saber un poquito más de lo que deberías transforma la aparente satisfacción en una tristeza infinita.

Apagón.

Luz sobre la parte derecha del escenario.

Paula: Y tuve la necesidad de querer cambiarlo todo. De borrar huellas. De olvidar. Como si al cambiar lo que me rodeaba pudiera cambiar algo más, o al menos verlo diferente. Se habían esfumado algunos miedos, y a la vez, había nuevos, más terribles pero no más fuertes. ¿qué podía ser peor? de repente miedos simples perdían la antigua importancia. Preocupaciones superficiales desaparecerían. Bueno, al menos eso creí que sucedería, no se si es verdad o no. No lo supe y no lo se.

Esta vez no se hace apagón, Paula sigue hablando y camina hacia el otro lado del escenario, cambia la luz.

Paula: Escuche a alguien. Escuche una voz. Me estoy volviendo loca. Quisiera irme de acá.

Camina nuevamente hacia el otro lado, (derecho), vuelve a cambiar la luz.

Paula: Era yo, pero no era capaz de verme, ni oírme con claridad. Era su futuro.

Apagón.

Luz en el lado izquierdo.

(pasado)

Novio: ¿Estas bien?

Paula: - No.

Novio: ¿Paso algo?

Paula: - Si, paso algo.

Novio: Bueno, contame.

Paula: - Que importancia tiene. No importan las cosas que no se pueden cambiar.

Novio: Todo se puede cambiar...

Paula: - ¡No es cierto! Sólo las que tiene que ver con uno, las cosas ajenas uno no las puede cambiar, debe aguantar, tolerar, ignorar.

Novio: ¿Se puede saber que paso?

Paula: - No, no se puede. No quiero, no insistas porque no me vas a sacar una sola palabra.

(presente)

Paula: - Era inútil. ¿Para que hablar? ¿qué importancia tenía? Me daba vergüenza, ajena, y de mi. Vergüenza.

(pasado)

Camila: Hola Pau, ayer te estuve esperando y al final no viniste. ¿Te olvidaste?

Paula: No, no me olvide, no tenía ganas la verdad.

Camila: Me hubieras avisado.

Paula: No tenías ganas y tampoco tuve ganas de avisarte ¿es tan grave?

Camila: No, no es grave, te estoy diciendo nada más, no es para que te enojes. Además debería ser yo la enojada (se ríe) siempre das vuelta las cosas.

Paula: ¿Ahora yo doy vuelta las cosas? Pero mira quién habla, y que, ¿vos sos una pobre victima?

Camila: ¿por qué me tratas mal y te enojas conmigo? De la nada armas una pelea.

Paula: No sé, disculpame. Vos no tenes la culpa.

Camila: ¿De que no tengo la culpa?

Paula: De las mentiras, que nos rodean.

(presente)

Camila: Yo no sabía nada Paula, nada. ¿Eso te parece mejor? ¿No saber? Dijiste más de una vez que hubieras querido no saberlo. ¿Para hacer el papel de estúpida, como yo?

(Paula la mira perpleja)

Yo hubiera preferido saberlo. Así uno puede elegir, decidir. Elegir si callar, si hablar, si gritar, elegir enojarse o ignorar. Yo ni siquiera pude elegir. No tuve posibilidad de nada. Y me fui así, sin saber.

Paula: ¿Camila? (Se acerca para tocarla y cuando esta a punto de hacerlo no se atreve y retrocede horrorizada) ¡No, no puede ser! Vos estas muerta ¡estas muerta! Muerta...

Camila: Pero vos no. Y tenes que seguir, hacia delante, tu vida... Que no te detengan los problemas ajenos. Que no te obsesione lo que no sos capaz de modificar. Tenes que seguir para adelante, es lo único que podes hacer...

Paula: ¡Vos estás muerta! (llora y se acurruca en la silla)

Apagón.

Vuelve la luz que ilumina el lado derecho. Paula esta dormida en la silla. Se despierta sobresaltada. Busca a su alrededor. No hay nadie.

Se sienta en la cama. Luz del lado izquierdo. Mira unas fotos.

Paula: Camila...

Entra el Novio.

Novio: Me enteré y vine para acá. Escuche lo del accidente pero no sabía quienes estaban y quién era que, que... (no se atreve a decirlo)

Paula: Cuando yo lo supe desee que hubiera sido quién causaba mi sufrimiento, pero no Camila, ella no tenía la culpa.

Novio: Paula, como vas a decir eso. A nadie se le desea algo así.

Paula: Puedo no decirlo, y puedo avergonzarme si llegara a desearlo, puedo sentir culpa, remordimiento... Pero no puedo evitar que ese pensamiento se haya cruzado por mi cabeza. De todos modos no tanta tiene importancia, las cosas no cambian por lo que yo piense.

Novio: Yo todavía no entiendo desde cuando tenes ese odio en vos. Si hasta hace poco estabas contenta, alegre... ¿por qué ese cambio repentino? Fue... (piensa) hace una semana más o menos que estabas feliz por las cosas buenas que tuvo este año, por nosotros por ejemplo. (Se le acerca cariñoso a Paula que lo aparta)

Paula: Es que en un instante todo lo que uno cree verdad puede desvanecerse. Se va en un segundo, así como se puede ir la vida, así como se le fue a Camila. Un segundo que el conductor no miró hacia delante, una mala maniobra, algo que se cruza en el camino, algo que tenías enfrente de los ojos pero que hasta ese segundo no lo habías visto... ¡No lo habías visto! Y cuando lo ves, ya es demasiado tarde y no podes hacer más que esperar a que la realidad te destruya o se destruya a si misma.

Me quiero ir, me quiero ir.

(Se abrazan)

Novio mutis por la izquierda.

Paula vuelve al presente.

Paula: Y me dijo que si, que se venía conmigo. (sonríe) A pesar de que nunca le di demasiados detalles. No quería. Era llenarlo con problemas que no tiene porque cargar. Ni siquiera yo debería hacerlo, entonces menos él. Casi me hubiera tenido lastima, y nunca fue mi idea. (mira el reloj) Ya debería estar llegando. Debe estar cerca. (suena el timbre, Paula se ríe) Siempre fui intuitiva. (Abre la puerta, entra el Novio por la derecha) Por fin. Vení, sentate, falta un rato para salir.

Novio: Esta bien, no importa.

Paula: Pero sentate, que vas a hacer ahí parado (ella se sienta). Bueno hace lo que quieras.

Novio: Si, lo que quiera.

Paula: Bueno, basta ¿qué pasa?

Novio: ¿Perdón?

Paula: Que me doy cuenta cuando pasa algo, me tenes que decir algo o alguna de esas cosas.

Novio: Estuve pensando, en todo... Y pienso que lo que estas haciendo es escaparte y no sirve de nada que te escapes.

Paula: Yo creo que si.

Novio: No es la solución. No arregla nada, solo te alejas.

Paula: ¿Y eso no arregla? Yo creo que si. A mi si me soluciona cosas. ¿No esta bien escaparme de lo que me hace sufrir? Si de todos modos no lo puedo cambiar, no hay nada que arreglar. Para que quedarme acá, en el medio, llorando en silencio y sin poder hacer absolutamente nada.

¿No me pensas decir nada?

Novio: No... Es que... Tenes razón.

Paula: Bueno, pero vos no estés mal, no tenes porque estarlo. Vamos a empezar de nuevo, en otro lado, lejos. Empezar de cero, borrando todo lo malo, olvidando lo que alguna vez nos haya hecho daño.

Novio: Yo no quiero empezar de nuevo.

Paula: Es una manera de decir.

Novio: No, no entendes. Yo no me quiero ir, no tengo porque hacerlo. Ni siquiera sé en realidad que es lo que te hizo tomar esta determinación, que es tuya, no mía.

Paula: Pero que pensé que ibas a apoyar, que ibas a entender, que me ibas a acompañar.

Novio: No puedo seguirte ¿te parece que esta bien que lo hiciera? ¿vos lo harías por mi?

Paula: ¿Significa que no vas a viajar? ¿Me voy... Sola?

Novio: O no vayas, quedate, quedate conmigo.

Paula: ¿Qué me quede? Es tu idea, no la mía.

Novio: Es cierto, perdoname Paula. Yo también tengo mis vida, mis propios problemas, y mis cosas no son menos importantes que las tuyas.

Paula: Esta bien, andate.

Novio: Espera... Hablemos, podes quedarte y... No sé encontrar alguna alternativa.

Paula: Andate.

Novio: ¿No nos vamos a volver a ver?

Paula: No creo. Ninguno esta dispuesto a dejar nada por el otro.

Novio: Yo te quiero ayudar. Contame lo que te pasa, hablemos.

Paula: ¿Para que? No podes hacer nada. Podías acompañarme, pero no, y esta bien, no tenes porque hacerlo. Ahora andate, cuanto antes mejor, yo no quiero seguir acá. No quiero quedarme con vos y terminar en el mismo lugar que antes.

Novio: Es tu decisión. Yo voy a estar en el mismo lugar de siempre para cuando te arrepientas.

Novio, mutis por derecha.

Paula: Ahora si, esto si es un final. Y lo bueno de los finales es que después viene un principio. Aunque no se pueda olvidar, aunque no se pueda borrar. Las cosas se dan a su debido tiempo, y yo no tengo nada más que hacer acá.

Paula queda sola en la habitación, sentada, las valijas al lado suyo. Con bronca abre una y tira la ropa al suelo. Después se sienta al lado y empieza a recogerla.

Se escucha “Naranjo en flor”.

Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon con el viento.
Después...¿qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.

Cofre

Hay ciertos rayos de luz de realidad que hacen que ciertos pensamientos guardados en la oscuridad vallan perdiendo el sentido. Las preguntas sin responder, las vueltas que no llevan a nada, ideas perversas en tu cabeza, que ante lo cotidiano se esfuma por el hecho de no poder convivir. Considero complicado buscar un equilibrio entre ciertas cosas. Un punto medio entre momentos.

Hay veces en que me encierro en mi, y me encierro en pensamientos que solo me aíslan más. Y frente a ciertas cosas, a ciertos choques con la realidad, estas cosas se vuelven ridículas, al punto de casi vergonzosas solo por haberlas pensado.

Un cofre.

No se que contiene.

Y sin embargo me encargo de preservarlo.

A veces creo que vos misma te inventas secretos que no existen. Es como si ocultarás algo y cuando lo analizas ni vos sabes bien que es. Hay cierta raya que te asusta cruzar. Hay cierto punto en el que te da miedo que te descubran. ¿Que descubran que? Creo que ni siquiera vos lo sabes.

Puede que el cofre este vacío... pero ante la duda...

Es como si supieras que hay algo que es mejor no sepan, y sin embargo no hay algo específico. Hay momentos donde cabe la posibilidad de que te enfrentes a la obligación de "mostrarte" y te asusta, te asusta, y sin embargo no sabes porque. ¿Que es lo que no pueden saber?

Un cofre. Cerrado con llave. No se que contiene si es que realmente contiene algo.

Pero te pesa arrastrarlo.

La hoja en blanco

Mezcla de placer y angustia. Incertidumbre y seguridad. Se arremolinan pensamientos queriendo salir. Rogando que le abras la puerta y no los oprimas más. Palabras que necesitan ser dichas para no estallar. Cosas que merecen ser contadas. Sensaciones que quieren ser descriptas con la sensibilidad necesaria.

La hoja aún en blanco. Tus ojos cansados. Tu mente confusa. Imágenes borrosas en tu cabeza que insistes en acomodar y no te das cuenta que como están te sirven igual. Esa manía tuya de buscar la coherencia. Esa obsesión en buscar la causa y consecuencia de todo. ¿Porque no simplemente dejas que pase lo que tiene que pasar? Deja que las cosas lleguen a vos antes de quererlas analizar. Deja que las palabras te rocen la piel. Siente que las palabras te mojan, te sacuden, te soplan un susurro en el oído. Y las respiras, porque están en el aire.

 

Lunes, 25 de Septiembre 2006

La Tristeza

La Tristeza

El lunes se levantó más triste de lo normal. Saludó a su esposa que le contestó un “buenos días” sin siquiera mirarlo. Más tarde llegaban los clientes. O deberían haber llegado. El negocio, desierto, lo deprimía aún más. A las ocho de la noche cerró la puerta con las dos llaves, las guardó en el bolsillo y se dirigió a su casa. Saludó al diariero que le contestó con una mueca. Siguió caminando por las calles llenas de gente y a la vez tan vacías. Preguntó la hora y obtuvo un apresurado “ocho y cuarto”, al pasar y sin mirarlo. Los pasos rápidos, firmes y ajenos se contraponían a los suyos, cansados y pausados que no se oían. Maletines que golpeaban contra su cuerpo. Miradas que no lo veían, orejas que no lo oían. Como si no existiera. Llegó a su casa, su esposa ya se había acostado. Revisó una agenda en blanco, un buzón vacío y un contestador sin mensajes. “¡Quién va a llamar!” murmuro mientras en vano lo revisaba. Prendió el televisor y miró noticias ajenas. Lloró por historias que no le pertenecían, rió de alegrías que no lo incumbían. Pasaba la hora y su angustia crecía. Un vacío en su interior amenazaba con volverlo loco.

El martes a la mañana su esposa se levantó, puso la pava a calentar y se sentó en la mesa de la cocina. Se hicieron las diez de la mañana y de mal humor fue a despertar a su marido. “Te quedaste dormido” le gritó en el oído sin mirarlo. “Levántate” gritó inútilmente a su lado. Tardó en mirarlo y cuando lo hizo soltó un grito de horror. Lo sacudió unos segundos hasta que supo que ya era inútil. A las once llegó la policía para hacer las preguntas de rutina. Once y cuarto ya lo habían olvidado. Nadie pronunció su nombre. No hubo clientes que preguntaran por su ausencia, solo un cartel -inútil, que nadie leía- anunciaba “cerrado por duelo”.

 

El universo...

El universo no es tan pequeño

Aun tienes a donde escapar

Renacerás de tus cenizas

Para volver a empezar

Y allí, en la cornisa

Te preguntaras

¿Hasta donde puedes llegar?

 

Mi fotolog

Es tarde...

Es tarde...

Es tarde y no puedo dejar de dar vueltas. Inconcientemente te espero. No hay posibilidades de nada en este momento, y sin embargo espero. Lo que en el fondo se que no va a pasar. Espero que me sorprendas. Que me lleguen señales tuyas de alguna manera. Pero si lo estoy esperando entonces no sería sorpresa. Quizás es por eso que no llega. Quizás deba dejar de esperarte para que vengas. Sería una buena estrategia. Las cosas llegan cuando uno menos lo espera. Solo hay que esperar, pero sin detenerse a esperar, sino seguir hasta que las cosas se den de manera natural. Yo igual te espero. Perdón, es que no lo puedo evitar.

Frío

¿por qué me miras? ¿por qué me seguís mirando? Ahí, tan quieto e inútil.

Yo te hubiera entendido, solo tenías que hablar. Era tan sencillo que te odio por no haber hecho nada. Odio tu silencio, tu fragilidad. Quisiera pegarte para que reacciones y me pegues. Quiero que me grites. ¡Gritame! Decime que estoy loca, confundida, que no hago más que mezclar las cosas.

Vos lo sabes. Sabes que te amo como a nada en el mundo. Sabes que sos lo más lindo que tuve. Quiero que me reproches todos mis errores. Que me refriegues en la cara las veces que me equivoque. Reíte de mi con descaro, de mis defectos, de mis partes más vulnerables. Golpeame, sacudime, atame para que no vuelva a hacer ninguna estupidez.

Era miércoles y yo caminaba por la calle. Pase por el bar y te vi con ella. Se veían tan felices. Te reías como no te veía reír hace mucho. Y ella... Ella estaba hermosa, esplendida, con su cabello rubio que le brillaba. Y vos te perdías en sus ojos, te ahogabas en su mirada. Te mire, una lágrima roja cayó por mi mejilla mientras otras parecían acumularse en la frente haciéndome transpirar. Mis manos temblaban. El sobre que tenía en la mano estaba húmedo con mi transpiración. Finalmente callo al piso, con una noticia no recibida adentro y una parte de mi corazón. Corrí por la calle torpemente. El sobre papel madera quedo perdido en el suelo. Se lo abra llevado el viento, o habrá sido barrido como una basura más. Una basura. Eso te grite que eras apenas entraste al departamento. Grite tan fuerte que no podía escuchar ni mis propios pensamientos. Estabas asustado, me mirabas temeroso sin decir nada, sin que ninguna palabra saliera de tu boca. Y lo que no decías debía decirlo yo. “¿Con ella?” “¿Desde cuándo?” “¿por qué?” “¿¡Como me haces esto!?”. Preguntas que no llegaste a responder. ¿por qué? Te odio por no hablar, por no gritarme, por no hacerme reaccionar, por no explicarme. Te quedaste allí inmovilizado por el miedo mientras yo me abalanzaba sobre vos. Y ahora estás tan quieto, tan inútil. Ella llamó para dar las explicaciones que no diste. Hablaba acelerada como quién sabe que no hay mucho tiempo. Presentía, intuía, sin embargo habló tarde. No era ella la que tenía que hablar. No era ella la que debía decirme que no era nada. Yo le creí, pero ya no me servía. Al contrario, hubiera preferido no creerle para no sentirme ahora como me siento, que por cierto no se como es exactamente. Bronca. A vos. Que no impediste que cometiera una locura. ¿por qué no me gritaste que me amabas? Sabías que si lo hacías no me hubiera atrevido, hubiera dejado caer el cuchillo y dejado caerme a mi en tus brazos. Y yo entre todo lo que grite debí haberte dicho que te amaba, espero, lo supieras.

¿por qué me miras? ¿por qué me seguís mirando? Pálido y quieto con los ojos bien abiertos. Tu mirada antes cálida ahora es fría y oscura. Tu mirada que antes me llenaba el alma, ahora me la destroza. ¿por qué no dijiste nada? Dejaste que me quedará sola, que nos quedáramos solos. Y seguramente veré en sus ojos los tuyos y no sabré que decirle cuando pregunte por vos.

 

 

Tormento

No piense que lo olvidé. Sabe bien que ni usted ni yo lo olvidará jamás. Convivo con el tormento de ese recuerdo. Supongo que a usted le ocurre lo mismo, y que al despertar siente dolor. Y hasta me atrevería a adivinar que llora por las noches. No crea que no me da culpa. No me recuerde cómo una mujer fría. Sabe bien que mi alma nunca descansará en paz.

Sin embargo presiente que hicimos lo correcto. Considera que fuimos obligados por las circunstancias. Tal vez yo exagere pero desde aquella noche no he podido dormir bien, ni tener sueños agradables. Por el contrario me sumerjo en horribles pesadillas y cualquier sonido me despierta. Como si no estuviera durmiendo por completo, y siempre algo de mi vigilara la puerta. Dirá que soy una maniática, quizás desde siempre lo piense. Pero no puedo evitarlo, el recuerdo no me deja tranquila.

De todos modos quiero informarle que ya lo tengo bastante dominado. He pasado por momentos difíciles en los que intenté olvidar evadiéndome. Pero como le habrán hecho saber ya me encuentro mejor. Sin embargo...

Yo no lo culpo, no valla a creer eso. Aunque a veces pienso que las cosas podrían haber sido diferentes. Seguramente usted también lo piensa e imagina como serían las cosas ahora. Y sabe que es tarde para lamentarse y para cambiar el pasado. Ese atormentador pasado que aunque sea lejano aún hoy no me deja en paz.

Quisiera empezar de nuevo, olvidar lo sucedido. Eso es lo que usted intentó, pero no creo que lo haya conseguido. Escaparse no es la solución, puede irse lejos y no verme más pero en su cabeza sigo existiendo. Y no puede cambiar el pasado, ni tampoco olvidarlo aunque yo lo he intentado. Y como ve no pude. Pero necesito de alguna manera cerrar esta historia porque ya no puedo continuar.

No sé como habrá hecho usted para continuar tantos años. Intento imaginar que pensará pero no lo comprendo. Me dejó tan sola, y sin embargo veo su rostro en la oscura habitación cada vez que la casa queda en silencio. Escucho unos pasos y creo que ha regresado.

Cuando pronuncio su nombre despacio, casi en un susurro, no puedo evitar que una lágrima caiga por mi mejilla.

Esta mañana desperté feliz, después de tanto tiempo pude dormir. Tuve un sueño agradable en el que no estaba y sentí que por fin todo había terminado. Siento finalmente que aunque no pueda olvidar lo sucedido, esto ya quedo cerrado. Siento mucho haberlo matado, pero era la única manera de dejarlo atrás.

Nunca y siempre

Sos hermoso. Pero no eres para mi. Siempre sentí que no te merecía. Que me rechazarías. Era inútil intentar acercarme a vos. Tan hermoso, perfecto, ¿qué podías llegar a ver en mi? Más chica, más insegura, con menos cosas que decir. Quizás en realidad no estabas tan lejos, pero yo lo veía así. A años de distancia. A mil sueños de ser real. Y te escribía las palabras más lindas que era capaz de hacer salir de mi boca. Las escribía con suma delicadeza cuidando cada palabra especialmente elegida, y a la vez con la precaución de mantenerte anónimo. Ningún indicio. Ningún dato que hiciera obvia tu identidad. Hasta convertirte casi en un personaje, en un invento mío.

A él lo conocí de casualidad. Nos gustaba hablar de esas cosas que uno no encuentra oportuno hacerlo con cualquier persona. Confiaba en él, y supongo, él en mi. Caminábamos por calles llenas de gente pero no los escuchábamos. Nos sumergíamos en conversaciones sobre algún arte en particular dependiendo de las circunstancias la elección de éste.

Él me habló de ella. De haberla olvidado y de cómo le costo hacerlo. Yo no estoy segura si te nombre. Intuyo que no lo hice. En última instancia le mencione a “alguien” sin entrar en detalles. Porque en definitiva nosotros no éramos nada. No lo éramos y sin embargo para mi siempre fuiste lo más importante. Te veía y fingía indiferencia. Pero si me hablabas tenía motivos para sonreír varios días seguido y nadie sabría porque. Era mi secreto. Y lo guardaba muy dentro mío, intacto. Debí haber tenido el coraje para gritártelo en la cara. Pero nunca pude. Te quería demasiado como para arriesgarme. Simplemente no pude.

Con él seguíamos saliendo, la pasábamos bien juntos. No estoy muy segura como fue pero pronto salíamos más seguidos, me llamaba más y estábamos cada vez más cerca. Llego el día en que me robo un beso que deje que robara, en que lo abrace fuerte y me dijo que me quería. No hay más detalles. No hay más que decir al respecto.

Me dolían los músculos de la cara al sonreír. Me temblaba la voz cuando le decía que lo amaba. Y lo decía despacio, con vergüenza. Me dolía la espalda. Llevaba atrás una carga muy pesada, casi imposible de soportar. Casi. Porque la soportaba.

Te seguía viendo. Un día él me vino a buscar y lo conociste. Después siempre que me veías me preguntabas por él. Y sonreías cuándo yo decía que estaba todo bien. Me sonreías cariñosamente. Yo que había fantaseado con verte celoso, estaba allí parada frente a vos que te alegrabas por verme feliz.

Pasó el tiempo. La carga se hacía más pesada. Sentía una puntada en el pecho cada vez que estaba con él. No se merecía que pensará en vos. Pero yo no sentía merecer tenerte. Una tarde te vi con ella. Era alta y simpática. Se veían bien juntos, todos lo decían. Y a mi me destrozaba verlos pero sonreía cada vez que lo hacía y fingía felicidad por verte bien. Me hacía mal verte, así que empecé a verte menos. Hasta casi no verte. Un intento frustrado de olvidarte. Pero era un intento.

Un día me desperté llorando después de soñarte. Lo deje a él. Me fui del departamento en el que en ese entonces vivíamos, dejé vacío el lado de mi cama. No le di las explicaciones que merecía. Solo palabras absurdas para evitar el momento. Solo oraciones inconclusas para no permanecer callada.

Me fui a vivir sola. Estudié, conseguí trabajo. Hice nuevos amigos, nuevas rutinas. Vacíe cajas viejas llenándolas de nuevas cosas y nuevos sueños. Rescribí objetivos e ideas una y otra vez. Un día imprevisto, a una hora no acordada, en un lugar no pactado, te vi. Me acerque dudando, me viste y sonreíste. Nos sentamos en el banco de una plaza. Era otoño y las hojas de los árboles en el suelo nos ofrecían un decorado bello pero a la vez melancólico. El cielo de un celeste pálido sobre nosotros. Y tus ojos, tristes, pero brillosos como siempre. Los mire un momento antes de preguntarte como estabas. Hablamos poco. Mencionaste tu reciente casamiento, la nueva casa, y otras cosas que no escuche o no quise escuchar. Me miraste y nos miramos un momento. Te abrace. Y me quede abrazada a vos un momento, el que necesitaba para recomponer mi alma después de tanto tiempo de desearte. Me tomabas con fuerza, y entonces lo supe, no necesitaste decirlo, supe que me amabas. Me desprendí de vos lentamente y te volvía a mirar. Tenías ahora los ojos empañados de lágrimas. Me levante despacio y camine sobre las hojas del suelo que hacían ruido al pisarlas. Y te quedaste inmóvil viendo como me alejaba. Ni una palabra más. No te volví a ver. Pero hoy no me duele no verte. Porque yo aún vivo en ese abrazo que me diste. Vivo en ese instante y no necesito vivir más. Ahora que los pies me duelen recuerdo mis pasos sobre las hojas de otoño. Recuerdo mis manos suaves que no te acariciaron lo suficiente. Pero sé que me amaste y que puedo morir en paz.