Blogia
marubtania

Una habitación. Una cama a la izquierda (desde el público). Paula entra muy nerviosa con un papel entre las manos. No se sabe bien que es, podría ser una carta, un simple papel, una foto. Lo lleva entre sus manos temblorosa. Lo mira, desesperada, acaba de enterarse de algo que no hubiera querido saber. La luz da sobre esa parte (izquierda) de la habitación.

Apagón.

Ahora Paula esta sentada en una silla de la derecha, tranquila. Hay valijas a ambos lados de ella. La luz es diferente, ilumina la silla y un poco más de lo que rodea a esta (las valijas por ejemplo).

Paula: Casi temblaba y me sorprendió descubrirme temblando mientras buscaba indicios que me confirmaran aquella horrible verdad. Que quise olvidar, que quise nunca haber sabido.

Me sentí mal, porque sentía que aquello no sería un final, sino es principio de una etapa espantosa que se aproximaba. Y el malestar se volvía físico al punto de haber estado todo el día con la idea de que me estaba a punto de desmayar. Creí que no iba a poder soportarlo, que llevaría por siempre esa verdad en el estomago y que aquello no me dejaría vivir.

Me enoje conmigo misma. Por saber. Me odie por no estar más al margen de las cosas. El primer día fue lo peor. Era el abismo. No dormí en toda la noche, y creí que no podría volver a hacerlo. No sentía sueño. Veía como se derrumbaban las ideas, como se desvanecían mis sonrisas. Solo horas antes disfrutaba de una paz interna gratificante, y un orgullo hacia mi misma por creer que todo marchaba bien. Me sentí una estúpida por haber pensado aquello. Solo horas antes y ahora era extremadamente lejano, inalcanzable, irreal. Hubiera querido olvidar, ignorar, volver a esas horas anteriores donde me sentía bien. ¿Es que no se puede? ¿No merecía estar feliz? Tanta bronca, impotencia, parecía que las cosas iban hacia delante, que finalmente podía no sufrir, que las cosas podían verse con una mirada positiva. Y en un instante todas aquellas ideas se volvieron parte de un pasado inalcanzable.

Apagón.

Vuelve la luz del principio.

Paula esta sobre la cama. Se siente mal. Saca una caja de debajo de su cama y empieza a romper cosas. Después a desacomodar otras. Saca cosas de las paredes (si hubiera) o las cambia de lugar.

Paula: Al final, la felicidad es una gran mentira. La felicidad es la ignorancia. Saber un poquito más de lo que deberías transforma la aparente satisfacción en una tristeza infinita.

Apagón.

Luz sobre la parte derecha del escenario.

Paula: Y tuve la necesidad de querer cambiarlo todo. De borrar huellas. De olvidar. Como si al cambiar lo que me rodeaba pudiera cambiar algo más, o al menos verlo diferente. Se habían esfumado algunos miedos, y a la vez, había nuevos, más terribles pero no más fuertes. ¿qué podía ser peor? de repente miedos simples perdían la antigua importancia. Preocupaciones superficiales desaparecerían. Bueno, al menos eso creí que sucedería, no se si es verdad o no. No lo supe y no lo se.

Esta vez no se hace apagón, Paula sigue hablando y camina hacia el otro lado del escenario, cambia la luz.

Paula: Escuche a alguien. Escuche una voz. Me estoy volviendo loca. Quisiera irme de acá.

Camina nuevamente hacia el otro lado, (derecho), vuelve a cambiar la luz.

Paula: Era yo, pero no era capaz de verme, ni oírme con claridad. Era su futuro.

Apagón.

Luz en el lado izquierdo.

(pasado)

Novio: ¿Estas bien?

Paula: - No.

Novio: ¿Paso algo?

Paula: - Si, paso algo.

Novio: Bueno, contame.

Paula: - Que importancia tiene. No importan las cosas que no se pueden cambiar.

Novio: Todo se puede cambiar...

Paula: - ¡No es cierto! Sólo las que tiene que ver con uno, las cosas ajenas uno no las puede cambiar, debe aguantar, tolerar, ignorar.

Novio: ¿Se puede saber que paso?

Paula: - No, no se puede. No quiero, no insistas porque no me vas a sacar una sola palabra.

(presente)

Paula: - Era inútil. ¿Para que hablar? ¿qué importancia tenía? Me daba vergüenza, ajena, y de mi. Vergüenza.

(pasado)

Camila: Hola Pau, ayer te estuve esperando y al final no viniste. ¿Te olvidaste?

Paula: No, no me olvide, no tenía ganas la verdad.

Camila: Me hubieras avisado.

Paula: No tenías ganas y tampoco tuve ganas de avisarte ¿es tan grave?

Camila: No, no es grave, te estoy diciendo nada más, no es para que te enojes. Además debería ser yo la enojada (se ríe) siempre das vuelta las cosas.

Paula: ¿Ahora yo doy vuelta las cosas? Pero mira quién habla, y que, ¿vos sos una pobre victima?

Camila: ¿por qué me tratas mal y te enojas conmigo? De la nada armas una pelea.

Paula: No sé, disculpame. Vos no tenes la culpa.

Camila: ¿De que no tengo la culpa?

Paula: De las mentiras, que nos rodean.

(presente)

Camila: Yo no sabía nada Paula, nada. ¿Eso te parece mejor? ¿No saber? Dijiste más de una vez que hubieras querido no saberlo. ¿Para hacer el papel de estúpida, como yo?

(Paula la mira perpleja)

Yo hubiera preferido saberlo. Así uno puede elegir, decidir. Elegir si callar, si hablar, si gritar, elegir enojarse o ignorar. Yo ni siquiera pude elegir. No tuve posibilidad de nada. Y me fui así, sin saber.

Paula: ¿Camila? (Se acerca para tocarla y cuando esta a punto de hacerlo no se atreve y retrocede horrorizada) ¡No, no puede ser! Vos estas muerta ¡estas muerta! Muerta...

Camila: Pero vos no. Y tenes que seguir, hacia delante, tu vida... Que no te detengan los problemas ajenos. Que no te obsesione lo que no sos capaz de modificar. Tenes que seguir para adelante, es lo único que podes hacer...

Paula: ¡Vos estás muerta! (llora y se acurruca en la silla)

Apagón.

Vuelve la luz que ilumina el lado derecho. Paula esta dormida en la silla. Se despierta sobresaltada. Busca a su alrededor. No hay nadie.

Se sienta en la cama. Luz del lado izquierdo. Mira unas fotos.

Paula: Camila...

Entra el Novio.

Novio: Me enteré y vine para acá. Escuche lo del accidente pero no sabía quienes estaban y quién era que, que... (no se atreve a decirlo)

Paula: Cuando yo lo supe desee que hubiera sido quién causaba mi sufrimiento, pero no Camila, ella no tenía la culpa.

Novio: Paula, como vas a decir eso. A nadie se le desea algo así.

Paula: Puedo no decirlo, y puedo avergonzarme si llegara a desearlo, puedo sentir culpa, remordimiento... Pero no puedo evitar que ese pensamiento se haya cruzado por mi cabeza. De todos modos no tanta tiene importancia, las cosas no cambian por lo que yo piense.

Novio: Yo todavía no entiendo desde cuando tenes ese odio en vos. Si hasta hace poco estabas contenta, alegre... ¿por qué ese cambio repentino? Fue... (piensa) hace una semana más o menos que estabas feliz por las cosas buenas que tuvo este año, por nosotros por ejemplo. (Se le acerca cariñoso a Paula que lo aparta)

Paula: Es que en un instante todo lo que uno cree verdad puede desvanecerse. Se va en un segundo, así como se puede ir la vida, así como se le fue a Camila. Un segundo que el conductor no miró hacia delante, una mala maniobra, algo que se cruza en el camino, algo que tenías enfrente de los ojos pero que hasta ese segundo no lo habías visto... ¡No lo habías visto! Y cuando lo ves, ya es demasiado tarde y no podes hacer más que esperar a que la realidad te destruya o se destruya a si misma.

Me quiero ir, me quiero ir.

(Se abrazan)

Novio mutis por la izquierda.

Paula vuelve al presente.

Paula: Y me dijo que si, que se venía conmigo. (sonríe) A pesar de que nunca le di demasiados detalles. No quería. Era llenarlo con problemas que no tiene porque cargar. Ni siquiera yo debería hacerlo, entonces menos él. Casi me hubiera tenido lastima, y nunca fue mi idea. (mira el reloj) Ya debería estar llegando. Debe estar cerca. (suena el timbre, Paula se ríe) Siempre fui intuitiva. (Abre la puerta, entra el Novio por la derecha) Por fin. Vení, sentate, falta un rato para salir.

Novio: Esta bien, no importa.

Paula: Pero sentate, que vas a hacer ahí parado (ella se sienta). Bueno hace lo que quieras.

Novio: Si, lo que quiera.

Paula: Bueno, basta ¿qué pasa?

Novio: ¿Perdón?

Paula: Que me doy cuenta cuando pasa algo, me tenes que decir algo o alguna de esas cosas.

Novio: Estuve pensando, en todo... Y pienso que lo que estas haciendo es escaparte y no sirve de nada que te escapes.

Paula: Yo creo que si.

Novio: No es la solución. No arregla nada, solo te alejas.

Paula: ¿Y eso no arregla? Yo creo que si. A mi si me soluciona cosas. ¿No esta bien escaparme de lo que me hace sufrir? Si de todos modos no lo puedo cambiar, no hay nada que arreglar. Para que quedarme acá, en el medio, llorando en silencio y sin poder hacer absolutamente nada.

¿No me pensas decir nada?

Novio: No... Es que... Tenes razón.

Paula: Bueno, pero vos no estés mal, no tenes porque estarlo. Vamos a empezar de nuevo, en otro lado, lejos. Empezar de cero, borrando todo lo malo, olvidando lo que alguna vez nos haya hecho daño.

Novio: Yo no quiero empezar de nuevo.

Paula: Es una manera de decir.

Novio: No, no entendes. Yo no me quiero ir, no tengo porque hacerlo. Ni siquiera sé en realidad que es lo que te hizo tomar esta determinación, que es tuya, no mía.

Paula: Pero que pensé que ibas a apoyar, que ibas a entender, que me ibas a acompañar.

Novio: No puedo seguirte ¿te parece que esta bien que lo hiciera? ¿vos lo harías por mi?

Paula: ¿Significa que no vas a viajar? ¿Me voy... Sola?

Novio: O no vayas, quedate, quedate conmigo.

Paula: ¿Qué me quede? Es tu idea, no la mía.

Novio: Es cierto, perdoname Paula. Yo también tengo mis vida, mis propios problemas, y mis cosas no son menos importantes que las tuyas.

Paula: Esta bien, andate.

Novio: Espera... Hablemos, podes quedarte y... No sé encontrar alguna alternativa.

Paula: Andate.

Novio: ¿No nos vamos a volver a ver?

Paula: No creo. Ninguno esta dispuesto a dejar nada por el otro.

Novio: Yo te quiero ayudar. Contame lo que te pasa, hablemos.

Paula: ¿Para que? No podes hacer nada. Podías acompañarme, pero no, y esta bien, no tenes porque hacerlo. Ahora andate, cuanto antes mejor, yo no quiero seguir acá. No quiero quedarme con vos y terminar en el mismo lugar que antes.

Novio: Es tu decisión. Yo voy a estar en el mismo lugar de siempre para cuando te arrepientas.

Novio, mutis por derecha.

Paula: Ahora si, esto si es un final. Y lo bueno de los finales es que después viene un principio. Aunque no se pueda olvidar, aunque no se pueda borrar. Las cosas se dan a su debido tiempo, y yo no tengo nada más que hacer acá.

Paula queda sola en la habitación, sentada, las valijas al lado suyo. Con bronca abre una y tira la ropa al suelo. Después se sienta al lado y empieza a recogerla.

Se escucha “Naranjo en flor”.

Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon con el viento.
Después...¿qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.

0 comentarios